Insólito: crisis en Holanda porque hay más guardias que presos

El gobierno holandés enfrenta una crisis poco común: la despoblación carcelaria. En los países bajos, por primera vez hay más guardiacárceles y empleados penitenciarios que prisioneros, según datos revelados por el Ministerio de Justicia.

Las tasas de criminalidad han caído levemente en los años recientes, y muchos holandeses piensan que las penas para los crímenes violentos son demasiado blandas.

En 2008 había alrededor de 15.000 presos, en un país de 17 millones de habitantes. Para marzo de este año, los presos que quedaban eran apenas 9710, frente a los 9914 guardias. Y el número de reclusos incluye a 650 criminales belgas que los Países Bajos alojan como parte de un acuerdo temporario.

El vocero del Ministerio de Justicia holandés, Jochgem van Opstal, dijo que el gobierno “estaba estudiando las razones de esta merma”. También que el Ministerio ya empezó el proceso de cerrar prisiones y desprenderse de 3500 empleados.

La semana pasada, el sindicato Abvakado FNC rechazó los despidos y aseguró que conducen a una “escasez de personal”.

“En este momento, no puede decirse que en las prisiones holandesas haya seguridad”, dijo el líder sindical del personal penitenciario, Corrie van Brenk, en una entrevista con la cadena holandesa NOS. “La situación es explosiva.”

El gobierno ha rechazado las críticas y sostiene que los incidentes violentos en el interior de las prisiones vienen disminuyendo desde hace años. Además de cerrar cárceles, el Ministerio de Seguridad y Justicia propuso el mes pasado cobrar una tasa de 16 euros al día a los reclusos de sus centros penitenciarios, incluidas las personas en prisión psiquiátrica y padres de menores internados en centros de reinserción.

Esta medida y otra que busca que los presos asuman parte de los costes policiales y judiciales de sus casos supondrían para el gobierno holandés un ahorro de 65 millones de euros. La iniciativa aún no se envió al Parlamento.

Otro de los cambios que evalúan los políticos es terminar con la práctica de otorgar la “probation” a los criminales que ya han cumplido con dos terceras partes de su condena. Esa política ha resultado ser una fuente de problemas para el primer ministro Mark Rutte.