Río de Janeiro, en problemas: no cede la violencia

“Río está al borde del estallido. Con la cercanía del Mundial hay mucha tensión entre los narcos y la policía, y nosotros, los cariocas y los turistas, estamos indefensos en medio de esta guerra”, dice el diariero Carlos Martins al mostrar tres cartuchos de bala y varias piedras, restos de la última batalla en la Cidade Maravilhosa.

El martes pasado, el puesto de Martins, en Copacabana, quedó en medio de un feroz enfrentamiento entre la policía, narcotraficantes y habitantes de la favela Pavão-Pavãozinho, que protestaban por el asesinato de un joven supuestamente a manos de la policía. Remanentes del Comando Vermelho, los narcos que dominaban esta favela, aprovecharon para generar más disturbios y desataron la respuesta de la policía.

Estos episodios se multiplican desde hace meses, y su crecimiento hace que tanto los cariocas como el resto de los brasileños se pregunten cada vez más si el gobierno de Dilma Rousseff podrá garantizar la seguridad de los más de 600.000 visitantes del Mundial de fútbol, que comienza el 12 de junio.

Ayer, con un ostentoso patrullaje policial, el morro de Cantagalo vivía una frágil calma. Las barricadas de basura levantadas e incendiadas por los habitantes de la favela ya habían sido retiradas. Los principales accesos estaban reabiertos, al igual que la cercana estación de subte. Los comerciantes habían vuelto a sus tiendas y restaurantes, pero entre la gente del lugar había bronca y frustración.

“La policía nos sigue considerando ciudadanos de segunda; entran a los tiros y no les importa quién muera; para ellos somos todos delincuentes. Los criminales buscan volver, usar la favela como base para vender más drogas durante la Copa, no se quieren perder ese gran negocio”, explicó a La Nación Sidinez Morais, de 64 años, vecino de Pavão-Pavãozinho que trabaja como portero en un edificio sobre la señorial avenida Atlántica.

Para él, así como para la mayoría de la comunidad, no hay dudas de que fue la policía militar quien, en un operativo el lunes por la noche, mató al joven Douglas da Silva Pereira, quien trabajaba como bailarín en un popular programa televisivo. El martes su cuerpo fue hallado en el patio de una escuela y despertó la ira de los residentes. Aunque la policía dijo que las primeras investigaciones indicaban que habría caído al tratar de huir, ayer el diario Extra publicó fotos en las que se ve que el joven recibió un impacto de bala en la espalda.

“El cuerpo estaba lleno de marcas de botas. Lo patearon y le pegaron antes de matarlo”, dijo su madre, María de Fátima da Silva, quien acusó a los agentes de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP), como se llama a la comisaría comunitaria instalada allí al igual que en otros 38 conjuntos de favelas, el famoso proceso de “pacificación” que reconquistó territorios antes controlados por los narcos.

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